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Artículo publicado en: Sin categoría » Recursos de formación (num. 1)


Polémica de la educación para la ciudadanía

La educación para la ciudadanía ha despertado una gran polémica en el ámbito escolar y en el social, antes de ver esto, paso a analizar dicho concepto, para aclarar algunos aspectos.

La educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos es el nombre de una asignatura diseñada para el último ciclo de la Educación Primaria y toda la Secundaria, en España viene fijada por la Ley Orgánica de Educación, y consiste en la enseñanza de los valores democráticos y constitucionales. La asignatura cumple con una recomendación del Consejo de Europa en el año 2002, cuyo objetivo es el de “promover una sociedad libre, tolerante y justa y que contribuya a defender los valores y principios de la libertad, el pluralismo, los derechos humanos y el imperio de la ley, que son los fundamentos de la democracia”.

Bueno después de analizar dicho concepto, me pregunto: ¿cómo se puede pensar, y considerar según una parte de la sociedad, que es algo nocivo para nuestros/as alumnos/as?, ¿con que criterios piensan que los profesores vamos a llevar a cabo esta asignatura y que pretendemos transmitir en ella, para considerar que puede ser algo “antimoral” para sus hijos e hijas?.

Esta asignatura ha despertado dicho recelo entre algunos sectores conservadores españoles, porque entienden que el Estado asume la educación moral de los individuos, criticando el formato de la asignatura.

Sin embargo, el gobierno sostiene que la asignatura servirá para educar “en valores democráticos y de tolerancia”, no se pretende ni mucho menos incitar a que los niños/as sean de un partido político u otro, o despertar en ellos unas ideas descabelladas, sino educarlos en función de la sociedad en la que vivimos hoy día y no hace 50 años. Personalmente me he encontrado con personas que tienen una visión totalmente cerrada a que sus hijos impartiesen esta asignatura en la escuela, considerando que la materia que se imparte en ésta, es sólo y exclusivamente obligación de los padres, por que son ellos los que tienen que inculcar a sus hijos/as sus propios valores e ideas y esas son las ideas y valores que sus hijos/as deben tener, lo que ellos piensan, deben pensar sus hijos sin atender a nada más, ni a lo que nos encontramos fuera de esta ambiente familiar. Por eso hoy día nos seguimos encontrando con jóvenes que siguen teniendo la misma forma de pensar que personas de los años 60 ó 70 años, y nos escandalizamos pensando como hoy en día nos podemos encontrar con pensamientos tan xenófobos y racistas, alejados totalmente de la tolerancia, de gente tan joven. Si analizamos la “educación a la ciudadana” impartida por sus padres y su entorno más cercano, comprendemos esta situación. Los sectores críticos con esta asignatura afirman que se pretende sustraer a los padres el derecho a decidir la educación moral para sus hijos. En esta asignatura -siguiendo esta argumentación- ya no son los padres los que deciden qué enseñanza moral se va a dar a los hijos, sino que será el Estado quien decida este punto, y consideran que esto es un “peligro”, pero ¡por dios!, ¿qué contenidos aparecen en los libros de esta asignatura?; no considero que se pretenda transformar la moral de nadie, sólo es una asignatura donde se presenta la sociedad tal y como es hoy día. Algunos de los contenidos que podemos trabajar en ésta son los siguientes: la convivencia en los centros educativos, la convivencia en nuestros pueblos y ciudades, el rechazo a las discriminaciones de cualquier tipo, las sociedades democráticas, los derechos humanos, entre otras. Me planteo y no comprendo que tiene de malo que los niños/as vean estos contenidos, y es más ¿no se englobaría éstas ideas dentro del artículo 27.2 de la constitución española?. Este artículo recoge: “La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales”, “¿pero no es esto lo que pretende la educación para la ciudadanía?”.

Otro de los puntos más criticados por algunos sectores, fundamentalmente católicos, son los que se refieren a la enseñanza sobre familias multiparentales u homosexuales mediante una visión alternativa de los valores tradicionales, pero si esto es lo que nos encontramos hoy en nuestra sociedad, no podemos volver la cara como sino existiese, sino debemos tolerarlo y respetarlo, es una condición más del ser humano y como tal debe ser respetada. La obligatoriedad de la asignatura, y el adoctrinamiento estatal que se derivaría de la misma, también ha sido muy criticado, ya que consideran que esta asignatura debería de ser optativa.

Por otra parte, la negación del gobierno a admitir la “objeción de conciencia” en esta materia ha motivado también críticas por parte de los opuestos a la asignatura. En este sentido, los tribunales superiores de justicia de Cataluña y Asturias rechazaron dicha posibilidad al considerar que ni la regulación jurídica ni los contenidos de la asignatura vulneran los derechos fundamentales recogidos en la Constitución Española. Por el contrario, el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía admitió a trámite en marzo de 2008 el recurso presentado por cinco particulares contra la asignatura. También se dictó sentencia en la que reconoce el derecho de unos padres a la objeción de conciencia. En mayo de 2008, el Tribunal Superior de Justicia de Navarra rechazó suspender cautelarmente la obligatoriedad de la asignatura, a la espera de dictar sentencia sobre el asunto.

Según señala el Ministerio de Educación y Ciencia esta asignatura tratará de enseñar al alumnado a aprender a reunirse desde muy pequeño, a discutir “aceptando la opinión de la persona contraria”, entre otras cuestiones. Trata de ser, según se dice desde el MEC, una materia cuyo contenido fundamental tendrá como objetivo crear ciudadanos conscientes de esos derechos y acostumbrados a ejercerlos. “Trata de educar a los niños y adolescentes en el ejercicio de sus derechos y de sus libertades”.

La educación para la ciudadanía promueve el respeto y la ampliación de todos los derechos humanos y de toda minoría social; presenta el diálogo como única solución de los conflictos, la igualdad de géneros, la solidaridad sin fronteras, la paz en la justicia; combate la xenofobia y el racismo; describe objetivamente la pluralidad política sin autoritarismos, así como la nacional, cultural y lingüística de los españoles; la laicidad del Estado y el valor de la religión, las reglas éticas entre partidos, el análisis científico de las ideologías y los deberes ecológicos; todo ello sin sectarismo ni dogmas doctrinales impuestos a los alumnos. Por eso no es cierto alegar, como alega la jerarquía eclesiástica, que se trata de un totalitarismo moral contrario a la fe cristiana.

Destacaría finalmente que la educación para la ciudadanía no empieza y termina en la escuela, sino que debe continuar en la sociedad, siendo necesaria la complicidad de ésta en los diversos ámbitos como son los medios de comunicación, los partidos políticos, las organizaciones religiosas, los movimientos sociales y que estén todos comprometidos con la tolerancia y libertad que se transmite en ésta.

El respeto es fundamental para fomentar la igualdad, la tolerancia y la convivencia, aspectos recogidos en la educación para la ciudadanía.

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Información del artículo:

Fecha de publicación:
4 de noviembre de 2008

Autor/a:
Brígida Guisado Suárez

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