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Artículo publicado en: Sin categoría » Experiencias Educativas (num. 4)


La enseñanza del Quijote en bachillerato

Conocida es la apreciación general de Cervantes y el Quijote a lo largo de los siglos XVI y XVII; y conocido es también que la revalorización de Cervantes como autor y el Quijote como obra tuvo lugar en la primera mitad del siglo XIX, y se debió al Romanticismo, cuyos adeptos efectuaron esta labor de recuperación.

De esta forma, Cervantes pasó a ser el prototipo de genio universal de las letras y del pensamiento; el Quijote, modelo de obra maestra sin par; y don Quijote, ideal de héroe romántico, esforzado valedor de ideas tan modernas como las de justicia, libertad, fraternidad…

Nuestra comunicación versará sobre el Quijote y sobre la especial importancia que tiene el estudio de esta obra en Bachillerato, siendo nuestro tema especialmente adecuado al primer curso, pues se vincula de manera clara al siguiente bloque de contenido: “La literatura en sus textos”, que teniendo en cuenta el estudio de la narrativa española, considera en un privilegiado lugar al Quijote de Cervantes. Así pues, para poner de relieve a los alumnos de este curso la importancia del estudio de esta obra literaria y para hacerlo del modo más claro y exhaustivo posible para su nivel, proponemos la siguiente estructuración: en un primer momento, habría que ver las posibles relaciones entre Cervantes y el protagonista de su obra, para pasar posteriormente al análisis de la misma, haciendo referencia a las distintas partes que componen la obra (aludiendo al conocido Quijote de Avellaneda), su estructura, personajes, así como a su estilo y técnica narrativa. Empezamos, pues, con la vida de Cervantes y el Quijote.

Brenan se fija especialmente en los rasgos comunes entre Cervantes y don Quijote. El famoso caballero tenía muchos rasgos comunes con su creador. Nos enteramos, por ejemplo, de que don Quijote tenía, cuando se lanzó en busca de aventuras, la misma edad que Cervantes y también el mismo aspecto físico; nos enteramos de que con tanto enfrascarse en la lectura se le secó el cerebro y perdió el juicio, como se nos dice en el prefacio que le pasó al autor. Además, don Quijote era un optimista y un idealista incorregible que se lanzó a reformar el mundo por la fuerza de las armas y fue en lugar de eso vencido por el mundo. ¿No fue esto o algo parecido a esto la opinión de Cervantes acerca de su propia vida? […] Indico, por tanto, que una de las fuentes del poder de conmovernos que tiene don Quijote es que el héroe constituye una proyección de una descartada parte del mismo Cervantes.

En cuanto a las distintas partes que constituyen el Quijote, sabemos que la primera parte titulada El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, se publicó en Madrid en enero de 1605; su éxito fue tal que se reimprimió cinco veces ese mismo año. Esta parte acaba con el regreso a su pueblo y la noticia de la próxima tercera salida de don Quijote. De esta forma, termina como obra abierta, dispuesta para una posterior continuación. En 1615 apareció la Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha. El factor que intervino en la publicación a toda prisa de esta segunda parte, y que produjo cambios argumentales, fue el llamado “incidente de Avellaneda”. Estaba trabajando Cervantes en la segunda parte de su novela, cuando, en el verano de 1614, se publicó un segundo tomo de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, firmado por el licenciado Alonso Fernández de Avellaneda, natural de Tordesillas (Valladolid), probablemente un seudónimo, de cuya identidad no hay ninguna certeza. Se puede decir con casi total seguridad que Cervantes tampoco llegó a conocerlo.

Todos los indicios apuntan a que Cervantes leyó el libro de Avellaneda cuando se encontraba en la composición del capítulo LIX de su segunda parte. Poco antes se ha terminado el largo episodio del palacio de los duques, y don Quijote sale con destino a Zaragoza. Se sigue el plan anunciado en 1605, pero amo y escudero llegan a una venta donde otros huéspedes leen el Quijote de Avellaneda. Este cambio argumental sobre el plan de 1605 no parece haber provocado mayores desajustes en el resto del plan de la obra.

Por lo que se refiere a la estructura de la obra, hay que señalar que el Quijote de 1605 comienza con la dedicatoria al Duque de Béjar, a la que sigue el prólogo, en el que manifiesta Cervantes su propósito de parodiar los libros de caballería. Luego vienen unos poemas preliminares, antes de dar comienzo la novela. Estructuralmente, se suelen agrupar los cincuenta y dos capítulos de la primera parte en dos bloques, correspondientes a las dos salidas de don Quijote: la primera salida englobaría los capítulos I al VI, y la segunda el resto (del VII al LII). La novedad más importante de esta segunda salida es la aparición de Sancho Panza.

La segunda parte queda reducida en su estructura a un prólogo, la dedicatoria al Conde de Lemos y la narración de la tercera salida de don Quijote. En esta segunda parte asistimos a la tercera salida de don Quijote, tras algunas conversaciones con el bachiller Sansón Carrasco, a quien se le ha ocurrido una singular manera de curar la locura del hidalgo, enfrentándose a él disfrazado igualmente de caballero y, una vez que lo venza, exigirle que regrese a su aldea.

Las dos partes en que se organiza el asunto han merecido valoraciones diversas de los estudiosos, que en su mayoría aprecian más la segunda, considerada más unitaria y mejor construida, quizá por haber sido escrita con más sosiego.

En lo que se refiere a los personajes, hay que decir que pasar revista a todos los que pueblan la novela de Cervantes y describirlos sería labor de nunca acabar. Para demostrarlo, baste la opinión de Brenan [1980: 205]: “Rocinante, el único caballo de la literatura que tiene una personalidad”. Los personajes secundarios cubren todos los estratos sociales de la época, abarcan todas las modalidades psicológicas, protagonizan otras escenas o historias anejas en la construcción de un completo universo de notable variedad. Los más desligados de la trama central son los protagonistas de las novelas intercaladas; de distinta índole son los paisanos de don Quijote, que integran el mundo rural: el cura, el barbero, el famoso bachiller Carrasco, Teresa Panza, la sobrina y el ama, o ese olvidado mozo de campo y plaza que se menciona al principio y nunca vuelve a  aparecer…; todos individuos y, a la vez, partes coherentes de un conjunto.

Por razones obvias, nos centraremos en las figuras señeras de don Quijote y Sancho. Si la figura de Sancho expresa la propensión del hombre al apego por los valores materiales y por el interés social, la figura de don Quijote simboliza la tendencia del alma humana hacia su elevación espiritual, su entrega completa a un ideal radicalmente asumido por encima de los límites materiales. Pero, lejos de ser dos personajes contrarios, son dos criaturas íntimamente unidas por una relación de complementariedad. Ambos, al final, se acercan recíprocamente.

Don Quijote protagoniza el ideal de restaurar en su época la caballería andante. A esta quimera caballeresca adecua todos y cada uno de los elementos de la realidad, transformándolos de acuerdo con su código de caballero andante. Para ello, acude con frecuencia a los encantadores, salvo que la realidad ya se le muestre transformada por los demás, como ocurre en casi toda la segunda parte. En cambio, Sancho Panza experimenta el fenómeno contrario y complementario al de su amo. El escudero actúa de acuerdo con el sentido común y ve la realidad tal como es, y así lo repite constantemente a su amo. Poco a poco va tomando cariño por don Quijote y se enorgullece de serle fiel. Su “quijotización” empieza a manifestarse ya en la primera parte. Esta “quijotización” de Sancho se consuma en la segunda parte de la novela: encantamiento de Dulcinea, gobernador de Barataria, etc.

En cuanto al estilo y técnica narrativa, hay que señalar que uno de los aspectos básicos que todos los estudiosos destacan en la construcción del mundo artístico del Quijote es el manejo de la perspectiva. El punto de vista cambia durante el relato. Al principio, es un narrador omnisciente que trata de dar verosimilitud a su propia perspectiva, con datos parciales, referencias a fuentes documentales…

En la segunda parte, los propios personajes tienen noticia de la existencia de un libro sobre don Quijote y Sancho, que discuten y comentan, como si tuviesen vidas autónomas, independientes del relato en el que han nacido y en el cual viven.

El Quijote no posee un estilo uniforme: es admirablemente polifónico. Resuenan en él, combinándose, todos los estilos que había creado la prosa del Renacimiento, a veces bajo la forma de parodia o imitación burlesca. Y es admirable la riqueza polifónica con que se expresan sus múltiples personajes, caracterizados por su modo de hablar y según las circunstancias en que hablan: se oyen las voces de la ciudad y de la aldea, de los cabreros y de los aristócratas, de mozas de partido o de clérigos, de la más noble retórica o del dicterio más vulgar…

El estudio del Quijote que proponemos para nuestros alumnos de Bachillerato debería recorrer el siguiente itinerario:

  • Acercamiento al estudio de el Quijote mediante técnicas de dinamización de textos basadas en ejercicios de localización, dramatización, ilustración y modificación.
  • Reflexión sobre el Quijote a través de comentarios de textos, donde se analizarían el contexto histórico-cultural, el contenido y estructuras textuales y el estilo y  lenguaje literarios; finalmente, los alumnos se ejercitarían en la opinión crítica.

Técnicas de dinamización de textos

Actividades de localización: con estas actividades se pretende que los alumnos se acerquen a la literatura desde el conocimiento de la época (circunstancias históricas del autor y del mundo en que vivió). No se pretende solo un estudio teórico, sino que se lleven a cabo ejercicios alternativos de estudios como los siguientes:

  • Portada de un periódico con noticias del año 1605.
  • Mural sobre la España de los Siglos de Oro.
  • Historieta gráfica con viñetas secuenciadas sobre la vida de Cervantes.

Actividades de dramatización: se pretende que los alumnos se inicien en la práctica de la escritura teatral a partir de los textos de Cervantes. Finalmente, se puede intentar su puesta en escena. Para ello proponemos, por su carácter cómico, el episodio de Maritornes, pues el episodio está bien estructurado y bien trazados los diálogos y los caracteres de sus personajes. El retrato de Maritornes es inevitable que mueva a la carcajada, pues el autor no escatima detalles en la descripción para hacer de este personaje un monstruo de fealdad.

Actividades de ilustración: se trata de que los alumnos comprueben en la práctica las conocidas interrelaciones entre la novela y la pintura. Para ello, vamos a sugerir las siguientes actividades:

  • Dibujo de lo que un texto le sugiere: pueden dibujar una caricatura a partir de los sonetos burlescos incluidos al final de la primera parte de el Quijote.
  • Cómic: los alumnos deben convertir la historia de un capítulo de el Quijote en pictogramas o viñetas secuenciadas, así, por ejemplo, el episodio de los molinos de viento.

Actividades de modificación: consiste en que los alumnos se acerquen a la literatura mediante la escritura literaria, es decir, que puedan componer textos literarios a través de la recreación de los textos de Cervantes. De esta manera, se ofrece a los estudiantes un modelo que pueden imitar para comenzar a escribir, para seguir, más tarde, con la redacción de textos originales. Para ello, proponemos dos tipos de ejercicios:

Ejercicios de recreación

  • Titular textos: se trata de que pongan un título diferente al que Cervantes dio a sus textos.
  • Modificaciones basadas en los recursos de repetición morfosintáctica: estructura diseminativo-recolectiva: imitar este tipo de estructura pero modificando los elementos que se dispersan al principio y se concentran al final (“¿Quién menoscaba mis bienes?”, del Quijote).
  • Redactar definiciones: se puede definir la misma realidad del texto o que los alumnos elijan otra diferente, una variante consiste en sustituir la palabra que designa lo definido, pero conservando el esquema sintáctico (“Es de vidrio la mujer”, del Quijote).

Ejercicios de composición: se pretende que los alumnos redacten textos a partir de lo que les inspiren los escritos por Cervantes. Así, los estudiantes podrían componer un epitafio (“Yace aquí el hidalgo fuerte”, del Quijote).

Comentarios de textos

Se pretende que los alumnos profundicen en la reflexión sobre la literatura. A partir del modelo de comentario de texto que el profesor considere más oportuno, se analizarán el contenido histórico-cultural, el contenido y estructura textuales, así como el estilo y lenguaje literarios; finalmente, los alumnos se ejercitarán en la opinión crítica. Para esta actividad proponemos el comentario “Los celos”, del Quijote (I, XXVII).

Creemos que, con las actividades que presentamos, el objetivo de que los alumnos se interesen por la lectura y disfruten con la literatura, conociéndola y apreciándola, no sería tan utópico e inalcanzable como hoy puede parecer.

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Información del artículo:

Fecha de publicación:
5 de diciembre de 2009

Autor/a:
Pastora Mª Barrios Naranjo


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