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Televisión y educación. La formación de espectadores críticos

A lo largo de este estudio pretendemos conocer cuáles son los factores a tener en cuenta a la hora de formar y educar desde una visión de telespectadores activos y no como meros sujetos sometidos a los requerimientos de la “caja tonta”. Este término entrecomillado no lo volveremos a utilizar a lo largo del documento ya que si nuestra pretensión al finalizar este análisis es el de considerar la televisión como un electrodoméstico más que utilizamos cuando necesitamos, el valor de “tonta” ya no nos sirve para definir un aparato que nos puede aportar muchas otras posibilidades tanto en el hogar como en la escuela, por ello nuestro estudio comienza investigando sobre su uso en el hogar, cuál es la situación actual y cuál sería la ideal, para conseguirlo planteamos una serie de sugerencias.

Desde nuestro andar por el mundo televisivo hemos querido dar un paseo por la televisión en la escuela y nos hemos detenido en conocer cómo es la televisión educativa, pero dado que son mínimos los programas educativos que se emiten hoy en día, hemos analizado más el fondo que la forma. Por otro lado consideramos que la utilización de la televisión en la escuela está más ligada al uso del vídeo pero sobre este asunto sólo hacemos algunas referencias ya que consideramos que podría ser objeto de otro estudio.

El medio televisivo se ha convertido en uno de los instrumentos más característicos y definidores de nuestra sociedad. Hoy en día es prácticamente imposible encontrar un hogar en el que no exista un aparato de televisión, es más nos atrevemos a decir que es mayor el número de familias que poseen más de un receptor que los que no tienen ninguno.

Dedicar nuestro tiempo a ser espectadores ante este electrodoméstico se ha convertido en una de las notas más distintivas de esta sociedad. Los elevados niveles de audiencia que ha alcanzado este medio de comunicación nos hacen pensar sobre el impresionante poder e influencia que ha adquirido en todas las capas de la población, sin distinción de sexo, edad, nivel cultural o generacional.

Además, la televisión no sólo es objeto de consumo como meros espectadores pasivos sino también es un medio conductor para otros consumos que se nos muestran atractivos y deslumbrantes,( muchas veces de una irrealidad perniciosa) cómo objetos, productos, modelos de referencia, estilos de vida, e ideologías que llevan al espectador a ser influenciados y manipulados a las ordenes de la sociedad de consumo en la que nos vemos envueltos.

Otro factor que nos resulta inquietante es la cantidad de tiempo empleado en ver la televisión ,tanto en familia, como el hecho cada vez mas habitual de que los menores se encuentran solos ante este medio de comunicación según un sondeo realizado por el ministerio de educación y consumo. Los estudios indican que los niños y niñas españoles pasan, delante del televisor, una media diaria de 218 minutos (3 horas y 40 minutos).

Así podemos cuestionar este consumo televisivo como una realidad inquietante, no sólo por la desorbitante cantidad de tiempo que se le dedica sino por lo valores de los mensajes transmitidos. La cotidianeidad del visionado televisivo ha conseguido convertirlo en algo tan natural y cercano, que parece que no es necesario realizar un análisis y reflexión sobre él y mucho menos que requiera un aprendizaje para un consumo inteligente del mismo.

Si se pudiera hacer un retrato robot del consumidor infantil de televisión sería aquel que cuando vuelve del colegio la persona que está en casa es la madre (así ocurre en el 60% de los casos), suele ver la televisión sobre todo por la tarde (el consumo se distribuye en menor porcentaje en otras franjas) y ve la televisión porque “le divierte y entretiene”…

Sin embargo, las respuestas distan mucho de ser mayoritarias por lo que el sondeo indica las tendencias de cambio, como la presencia de otra persona distinta de los padres cuando el niño vuelve a casa, o el desplazamiento del consumo de televisión a la franja nocturna, En las que en la actualidad se emiten falsas ofertas de televisión en familia ( Operación triunfo, Fama, el Hormiguero…) coincidiendo con los datos de medición de audiencias que cifran en 800.000 los menores de 14 años que ven en torno a 41 minutos de televisión después de las 22,00 h.

Los fines de semana se producen algunos cambios significativos en cuanto a cuál es la hora en que se prefiere ver la televisión. Se reduce, en general, su consumo por la tarde, pero aumenta el de la mañana. Un dato que insiste de nuevo en la función de la televisión como “canguro”.

Los estudios de audiencia (Sofres, Estudio General de Medios…) indican que los niños españoles pasan como media, 218 minutos al día delante de la pequeña pantalla, como ya hemos comentado pero queremos hacer referencia al hecho de que los expertos contrastan este dato con los casi 300 minutos que permanecen en el colegio.

Pero en la televisión encontramos aspectos negativos y positivos. Tiene de bueno, entre otras cosas, que nos acerca a mundos lejanos, que nos permite la revisión de la imagen de la realidad y que nos facilita el acceso al código de la imagen (objetivo pedagógico que desde nuestra función didáctica deberíamos cubrir). Ofrecemos una agrupación de ideas que pueden a ayudar a informar a los padres sobre cuál es el papel y grado de influencia que tiene la televisión en sus hogares.

Cómo aspectos positivos podemos considerar:

  • La televisión permite conocer otras realidades, sociedades, culturas y países que de otro modo no conoceríamos.
  • La televisión permite acceder a sensaciones y vivencias sensoriales, gratificantes en su mayoría, a las que no podríamos acceder de otro modo, como por ejemplo, retrasmisiones deportivas, conciertos, audiciones, actos conmemorativos….
  • La televisión es una forma rápida y eficaz de introducirse en el mundo de la imagen, sonido, sensaciones…
  • La televisión puede ser un buen instrumento formativo. Un ejemplo pueden ser los programas de televisión educativa, tan escasos en la actualidad.
  • La televisión puede ser una puerta abierta a la cultura y el espectáculo.
  • La televisión permite elegir las opciones que realmente interesan en ese momento: la telecompra y la hipercomunciación, que ha quedado en clara desventaja frente la casi infinita oferta que hoy en día nos ofrece Internet.

Los aspectos negativos que cómo tal consideramos son:

  • La existencia de niños y jóvenes que ven televisión durante la mayor parte de su tiempo libre. Esto les impide dedicar este tiempo a otras actividades más positivas que facilitan el aprendizaje necesario para su desarrollo personal e intelectual.
  • La televisión no facilita el diálogo entre padre e hijos. Rompe la comunicación, por lo que se tendría que pensar en organizar las actividades de tiempo libre y sobre todo intentar conectar con el niño, hablando con el de los temas y programas que le gusten. No desprestigiar por sistema lo que le gusta no valorar sus gustos como infantiles o negativos sino analizar con el qué es lo que le aporta el programa o programas cuestionados y que es lo que estamos dejando de hacer en ese momento. No debe ser un rechazo total a la televisión, se trata de que sean críticos de una forma autosuficiente y sobre todo responsable.
  • En la televisión hay demasiadas dosis de violencia y sexo malentendido que deben aprender a que eso no debe ser reflejo de la sociedad que vivimos y sobre todo aprender a rechazar de pleno la violencia en cualquiera de sus aspectos. Debemos comentar con ell@s las escenas que hayamos visto y le hayan impresionado, haciéndole ver la verdadera causa de su aparición y la necesidad de mirarlas críticamente y no como un consumidor pasivo, como venimos reiterando.
  • La televisión comporta una actitud pasiva: recibir mensajes sin participar activamente en ningún proceso, sabemos que estudios recientes demuestran que la imagen televisiva no se percibe de forma inmediata, sino que necesita de unos mecanismos tan completos, aunque diferentes, que los de la lectura.
  • Los anuncios fomentan el consumismo sin medida, crean mundos irreales donde se asumen unos éxitos irrealizables. Por lo que hay que evitar que los niñ@s se conviertan en consumistas y personas que se embriaguen con falsas promesa y con consumir marcas. Es necesario para ello trabajar la autoestima de una manera personalizada.

Pero , ¿qué es un consumo televisivo crítico y racional?

Consumir y ver televisión de una manera más crítica y racional, supone: Elegir, de una manera consciente y premeditada, qué es lo que queremos ver y por qué. Controlar la cantidad de tiempo que dedicamos a ver la televisión y procurar que su consumo no sea excesivo. Evitar que la televisión sea el único recurso de ocio y de información. Interpretar, con espíritu crítico, los mensajes que nos llegan de la televisión. Conocer nuestros derechos y reclamarlos.

Pero tenemos que aprender a convivir con la televisión a ser nosotros mismos los que controlemos y programemos qué , cómo y cuando queremos hacer uso de ella. Para lograr un consumo racional y crítico de los medios audiovisuales, debemos plantearnos objetivos que se puedan cumplir: más que prescindir de la televisión hay que lograr que los niños y jóvenes aprendan a hacer un uso beneficioso de ella.

No podemos olvidar el grupo en el que se desenvuelve el niño: los amigos. Para los niños y las niñas, el sentimiento de pertenencia a un grupo tiene mucha importancia y, en ocasiones, los contenidos infantiles de la televisión intervienen en ese proceso de integración. Por eso, cuando nos planteemos unos hábitos de consumo televisivo más racionales, debemos tener en cuenta el posible temor del niño a sentirse aislado, son muchos los artículos que nos “obligan” a consumir a partir de los productos televisivos de moda: mochilas Which, gomas de borrar “Doraemon”, zapatillas “Barbie”….

Para conseguir o al menos acercarnos a un consumo crítico y responsable de la televisión, podemos indicar una serie de propuestas y recomendaciones para llevar a cabo en estas serían:

  • Seleccionar: es conveniente acostumbrar a los niños y a los jóvenes a aprender a elegir, anticipadamente, lo que van a ver. Podemos usar la programación del periódico o del teletexto. A la hora indicada encenderemos la tele y, cuando termine el programa elegido, la apagaremos.
  • Es conveniente conversar en familia, siempre desde el respeto y la tolerancia, sobre el por qué de las elecciones de los programas televisivos seleccionados y el para qué (distraerse, informarse…)
  • Nos será más fácil decidir con autonomía qué ver si lo hacemos en un momento del día en el que no estemos viendo la televisión e incluso si planificamos con antelación qué se verá en una semana.
  • También ganaremos en libertad de elección si procuramos que los niños no vean los espacios promocionales con los que las cadenas de televisión anuncian otros programas. Están realizados con técnicas muy eficaces (selección de las imágenes más impactantes, emisión reiterada…) para lograr un consumo en cadena. Si habíamos decidido ver dos programas, terminaremos ampliando nuestra elección a cinco.
  • Todos los estudios indican que los niños pasan demasiado tiempo delante del televisor. Es conveniente que moderemos su consumo.
  • Hay que fomentar en los niños y jóvenes aficiones alternativas a la televisión, compartiéndolas con ellos. Puede ser útil, que elaboremos una lista con las tareas que componen su uso del tiempo e intentemos reequilibrar este reparto de manera más beneficiosa para el niño.
  • Para crecer sanos, los niños y los jóvenes deben leer, hacer deporte y entretenerse con juguetes convencionales que cumplen importantes funciones educativas.
  • Los adultos deben compartir con los niños y jóvenes estas aficiones. En general, un niño prefiere pasar el rato participando en cualquier actividad con sus padres que ninguna otra cosa.
  • Dentro de nuestros hogares hay decenas de recursos de ocio para compartir. Debemos esforzarnos por cultivar con los niños, de manera regular y no excepcional, aficiones caseras, alternativas al consumo televiso, e impedir que recurran a él simplemente por pereza, inercia o por nuestra comodidad.
  • Los niños y jóvenes deben pasar la mayor tiempo al aire libre. Deberíamos evitar que, en los días soleados, se queden en casa viendo la televisión.
  • La televisión puede hacer olvidar que los niños deben jugar con otros niños. Fomentemos actividades colectivas, como la práctica de algún deporte de equipo.
  • Los niños y jóvenes necesitan afecto, tiempo y atención. Debemos impedir que la televisión se convierta que su única compañía.
  • Sedentarismo. El consumo excesivo de televisión también tiene consecuencias sobre la salud del niño. Es responsabilidad de los padres que el niño desarrolle hábitos saludables en cuanto a horas de sueño, alimentación y ejercicio físico.
  • Los padres promueven un uso excesivo de la televisión si, de manera habitual, la utilizan de niñera.

Si los niños o jóvenes presentan interés por algún tema específico de los contenidos televisivos (programas deportivos, documentales geográficos o de animales, programas de cine, de bricolaje…) les aportaremos fuentes de información alternativas y complementarias a la televisión para que cultiven esa afición: revistas, periódicos, libros…

Pero analicemos cuales son las diversas actitudes que podemos encontrar por parte del profesor y del alumno al utilizar la televisión como herramienta educativa

“El profesor, por sus ideas y actitudes, puede ser una barrera en el uso de la televisión en clase o fuera de ella” Gallego ( 1997)

Actitudes por parte del profesorado como su ausencia de la sala durante la emisión del programa, realización de otras actividades o colocación en un lugar donde no puede ser observado el programa, estarán indicando a los alumnos el poco interés que despierta la emisión.

También se debe contar con la percepción de facilidad que connota el medio para los estudiantes. Estudios realizados en la Universidad de Sevilla permiten ofrecer las siguientes conclusiones:

Los alumnos muestran una alta autoeficacia para aprender por medio de la televisión, el medio que analiza requiere demandas cognitivas inferiores en relación al material impreso, la percepción de facilidad/dificultad que se tiene del medio no depende exclusivamente de él sino también de la percepción de los contenidos que transmite, el nivel de estudio influye en la percepción de facilidad/dificultad que tienen de la televisión, de manera que conforme aumenta el nivel de estudio suele aumentar la percepción de facilidad para aprender por ella y por último señalar que el tipo de centro también está relacionado con la percepción de facilidad/dificultad.

-Una de las estrategias clave para modificar estas percepciones iniciales de facilidad de aprendizaje con la televisión radica en la metodología didáctica que se aplique. Una estrategia de utilización didáctica exclusivamente de presentación y visionado del programa tiene potencialidades para que se obtengan mínimas repercusiones de adquisición de información y motivación para el estudiante. De ahí que el papel del profesor desempeñe con la televisión tanto antes como durante el visionado, sea clave para asegurar la inserción en la programación de la emisión, de él va a depender proveer un armazón inteligente y la creación de un clima afectivo que facilite la atención y comprensión de lo que es observado, y la mayor inversión de esfuerzo mental durante el visionado por los alumnos..

Como conclusión podemos indicar que la educación de espectadores críticos debe partir desde las familias y que principalmente se deben atender factores como el tiempo que dedican a ver la televisión, en qué situación la ven, es decir si solos o acompañados de algún adulto y si mantienen una actitud totalmente pasiva ante ella. nuestra tarea de formar espectadores críticos estos serían: no permitir que los niños vean solos la televisión, planificar de antemano que a que programa vamos a dedicar nuestro tiempo de ocio, criticar la contraprogramación o programas absurdos, enseñar a discriminar la publicidad encubierta y cuales son los fines de cualquier tipo de publicidad y sobre todo exigir que se cumpla la legislación vigente sobre televisión y menores.

Todo ello, como decimos, debe partir de las familias, pero es en la escuela dónde se consolidarán estos valores, a través de planes de trabajo conjuntos. Aunque sabemos que la utilidad de la televisión en la enseñanza cumple otras condiciones y características ya que permite ser una herramienta de aprendizaje.

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Información del artículo:

Fecha de publicación:
4 de noviembre de 2008

Autor/a:
Mª José Luján Alfaro

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